La vereda Puerto Colombia ubicada a 370 kms de su ciudad capital utiliza asocomunal app

Puerto Colombia, Cumaribo, Vichada. Una junta de vereda que cambió sus carpetas por una pantalla.

Guillermo Otálvaro Lagares, se levanta antes del sol, como lo hacen casi todos en Puerto Colombia. Hay que aprovechar la luz y el fresco. El día empieza con lo de siempre: los animales, el café, la conversación corta con los vecinos que pasan por el camino de tierra. Pero desde hace un tiempo hay una rutina nueva que él defiende con la misma convicción con que habla de la tierra: administrar desde su celular, el aplicativo ASOCOMUNAL.

Cumaribo es el municipio más extenso de Colombia, y eso se siente en cada trayecto. Desde Puerto Colombia, Puerto Carreño, capital del departamento de Vichada, queda a unos 370 kilómetros. La distancia no se mide solo en kilómetros. Se mide en horas de carretera que cambian con la lluvia, en la gasolina que hay que cargar con anticipación y en los días que se pierden cuando un trámite exige viajar hasta la ciudad y volver. Para un líder comunal, cada salida es una decisión que pesa.

Camino de tierra que conecta Puerto Colombia con la cabecera municipal de Cumaribo
El camino que une a Puerto Colombia con el resto del municipio cambia con la lluvia.

Durante años, la junta funcionó con lo que cabía en una mesa: cuadernos, planillas y un archivador cuyas carpetas se hinchaban con cada asamblea. Las actas se escribían a mano. El listado de afiliados vivía en distintas libretas, algunas con la tinta reseca por la temperatura. Cuando llegaba el momento de presentar cuentas o responder a una solicitud de la alcaldía, buscar un dato podía tomar horas.

Lo que llevó a Guillermo a dar el paso fue una idea sencilla: si la información de la junta puede consultarse desde cualquier lugar, la comunidad confía más. Por eso adoptó ASOCOMUNAL, una plataforma en línea pensada para las juntas de acción comunal de Colombia. la plataforma permite llevar en un solo lugar el libro de afiliados, el de tesorería, el de actas, el de inventario, el de conciliación y los documentos legales, con acceso desde celular o computador. Para Guillermo, más que una herramienta, es una forma de poner orden en medio de tantas distancias.

La conexión llega por horas, pero los datos quedan a salvo

Aquí aparece la paradoja que define su historia. En la vereda, el internet no es un servicio constante. Funciona por horas, a través de operadores locales que dependen de la señal, de la energía y del clima. Hay momentos del día en que el celular tiene conexión y otros en que no sirve ni para una llamada si uno no se sube a un punto alto. Guillermo aprendió a planear su trabajo digital como si fuera una cosecha: lo importante se hace cuando la señal llega.

Esa dependencia nunca lo llevó a desconfiar de la nube. Sabe que un cuaderno puede perderse en un incendio, en una inundación o en una mudanza, y que una carpeta olvidada en un rincón no le sirve a nadie. Por eso, para él, tener los datos de los afiliados en línea es una forma de protegerlos. Un libro que se pierde deja a una comunidad sin memoria.

ASOCOMUNAL guarda la información en la nube y se accede con usuario y contraseña, de manera que el el listado de afiliados no depende de un solo cuaderno ni de una sola persona. Guillermo lo resume con una imagen: imagina una asamblea en la que alguien pregunta cuántos afiliados tiene la junta, y poder responder con un dato exacto, sin revisar libretas.

Líder comunal consultando el padrón de afiliados desde su celular
Guillermo consulta el el aplicativo desde su celular, en el momento en que llega la señal.

Una junta que se deja ver

En la escuela de Puerto Colombia, el tablero todavía tiene restos de una convocatoria anterior. Guillermo lo mira cada vez que pasa. Allí se anunciaban las reuniones con un papel pegado con cinta. Hoy la convocatoria también llega al celular de quienes tienen señal, y el acta de la última asamblea puede consultarla cualquier afiliado que quiera saber qué se decidió.

Ese cambio tiene algo de intimidad. Cuando la tesorería está a la vista de los vecinos, cuando las decisiones quedan registradas y cuando los libros se puede revisar sin pedir favores, la junta deja de ser una figura lejana y se convierte en un espacio de confianza. Guillermo lo dice de otra manera: una junta que se deja ver es una junta que la gente se atreve a visitar.

La transición no ha sido sencilla. Enseñar a registrar afiliados, tomar la foto de cada integrante o revisar un inventario exige paciencia, sobre todo cuando las jornadas se cortan por la señal. Pero también ha comprobado que la tecnología, usada con sentido, reduce viajes. Un trámite que antes obligaba a desplazarse hasta la cabecera municipal puede gestionarse desde el teléfono, cuando la conexión lo permite.

Llevar la junta a la era digital, desde donde esté

Guillermo no pretende que su experiencia sea la única forma de hacerlo. Pero sí tiene una certeza que repite con calma: la distancia no debe significar que los vecinos queden por fuera de la información que les pertenece. Las juntas que hoy llevan sus libros en ASOCOMUNAL, según la misma plataforma, ya superan las 250 en el país, y el registro inicial es gratuito y no exige instalar nada.

Al final de la tarde, cuando la luz se vuelve naranja sobre los potreros, Guillermo cierra el día revisando lo que anotó: un afiliado nuevo, una cuenta pendiente, una convocatoria para el próximo sábado. Todo queda guardado, aunque la señal haya llegado a medias. Para él, esa es la mejor manera de decir que la junta sigue trabajando, incluso a 370 kilómetros de la capital.

Atardecer sobre los potreros de Puerto Colombia, Cumaribo
Cuando cae la tarde, la junta sigue trabajando desde el celular.

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