El enemigo silencioso de las JAC es la falta de transparencia

Las Juntas de Acción Comunal nacieron para ser el puente entre la comunidad y el Estado, para gestionar recursos, canalizar necesidades y construir territorio desde adentro. Sin embargo, hay una amenaza que no llega con ruido ni con conflicto abierto, sino que se instala lentamente en la cotidianidad de la organización: la falta de transparencia.

Cuando los afiliados no saben cuánto dinero ingresó, en qué se gastó, quién tomó las decisiones ni por qué, la confianza se erosiona de forma silenciosa y sostenida, hasta que la junta ya no representa a nadie, aunque siga funcionando en papel. El primer daño que produce la opacidad es la desafiliación progresiva.

Un vecino que solicita un informe y no lo recibe, que llega a una asamblea y no encuentra actas claras, que observa obras inconclusas sin explicación, simplemente deja de participar. No confronta, no denuncia, no exige: se retira. Y cuando los ciudadanos se retiran, la junta pierde su razón de ser.

Una organización comunal sin base social activa es apenas una directiva tomando decisiones sobre una comunidad que ya no la reconoce como suya. La Ley 2166 de 2021 reconoce este riesgo y establece mecanismos de rendición de cuentas precisamente porque la participación sin información no es participación real.

El segundo daño, quizás el más grave, es el que se produce hacia adentro: la falta de transparencia destruye a los propios líderes comunales. Cuando los registros son informales, cuando los libros no están al día, cuando no hay trazabilidad de las decisiones, cualquier directivo honesto queda expuesto a señalamientos que no puede refutar. La ausencia de documentación no protege a nadie; al contrario, convierte la gestión en un terreno fértil para la duda y el rumor.

Un presidente de JAC que no puede demostrar lo que hizo, aunque haya actuado con total integridad, es tan vulnerable como uno que efectivamente falló. La transparencia no es solo un deber legal: es el único escudo real de quienes lideran con honestidad.

Modernizar una Junta de Acción Comunal no significa cambiar su esencia comunitaria ni convertirla en una empresa. Significa darle las herramientas para que todo lo que hace sea visible, verificable y legítimo ante sus afiliados, ante las autoridades y ante la comunidad en general. Un libro de afiliados actualizado, actas bien redactadas, informes de tesorería accesibles y procesos electorales documentados no son burocracia: son los cimientos de una organización que puede mirar a sus vecinos a los ojos y decir, con evidencia, lo que ha hecho por ellos.

La transparencia no debilita a las JAC; es, precisamente, lo que las hace fuertes.

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